La gente con sus trajes y sus pipas
sube a las terrazas congeladas,
es el fin lo que se acercan a ver
sin avivarse.
La cima es un ensayo ensombrecido
que la policía intenta detener,
la manzana putrefacta rompe todo
de manera distinta,
fragmenta horriblemente
lo fabuloso.
La forma que conserva su cara,
tranquiliza,
parada en la cima,
de la que disfruta ligera de ropas,
sin finales cercanos,
abajo todo reverdece.
Abajo tiemblan,
sorprendidos,
cortan la calle
ignorando el desencuentro
que legará esta ráfaga
en las alturas,
luego mil veces imitada.
Todos piden que algo vuelva,
nadie logra que permanezca nada,
ellos se quedaron en la cima,
ella baja relajada,
entra al edificio,
toma el ascensor,
baja en su piso,
prende la tele y ve señores
de traje, fumando en pipa,
subiendo por escaleras de incendio
a presenciar un momento histórico
desconociendo tal suceso,
y comprende que las alturas
no definen el deleite,
solamente distinguen
la voluptuosidad que advierten
quienes no descifran
hacia donde conducen
los enlaces que apuntan
las comisuras
de los labios al desternillarse
en el deslizamiento.
3 perros ladraron:
si las alturas
no definen el deleite...
por qué el clímax la cima
los momentos cumbres
pegan tanto.
a algunos en la altura la pelota le dobla y a otros no.
alto,muy alto.
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